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Por Carolina da Silveira Bueno



¿Qué es la bioeconomía?

Origen

Fue en la década de 1990 que la Comisión Europea lanzó su Libro Blanco (H)[1] con el siguiente título: "Crecimiento, competitividad, empleo: desafíos y claves para ingresar al siglo XXI". El libro presentó el desarrollo económico y la competitividad de las economías a largo plazo y lanzó las primeras visiones de la transición a la bioeconomía: estamos experimentando una nueva revolución industrial, responsable de una mutación muy rápida de las técnicas, trabajos y habilidades[2].


El libro blanco no utilizó el término bioeconomía, la terminología aparece en la literatura a principios de la década de 2000 y fue a mediados de esa década que la bioeconomía entró en discusiones políticas a nivel europeo (A)[3]. Sin embargo, el Libro Blanco señaló que la competitividad de Europa provendría de la necesidad de una inversión basada en el conocimiento y el papel de la biotecnología en el crecimiento económico. El libro abrió los supuestos para el cambio global de una economía con base biológica: este movimiento apoyado por estas nuevas tecnologías nos lleva a una verdadera sociedad de la información y el conocimiento[4]. Desde entonces, se han lanzado vías para ingresar al siglo XXI, y un movimiento grande y creciente, basado en el desarrollo de la bioeconomía ha comenzado a formar parte de la gestión estratégica de la agenda de los países de todo el mundo[5].


Como es un área aún en desarrollo, y la transición a la bioeconomía implica la transformación de la industria y los sectores de varias cadenas de producción, la literatura internacional presenta una serie de definiciones y conceptos que involucran una variedad de debates. Sin embargo, en estas ideas, se observa un consenso general que caracteriza a la bioeconomía en su punto primordial: una economía de base biológica (A).


En general, estas definiciones y conceptos están más presentes en tres puntos de vista: biotecnología, bioecología y recursos biológicos. La visión de la biotecnología enfatiza la investigación y la aplicación de la biotecnología, mientras que la de los recursos biológicos enfatiza el procesamiento y el establecimiento de cadenas de valor para una variedad de productos de biorrefinerías. La visión de la bioecología se centra en la sostenibilidad y en los procesos que optimizan el uso de la energía y promueven la biodiversidad, evitando la degradación de la cultura y del suelo.


Pero el crecimiento de la investigación sobre el tema revela una bioeconomía multifacética, que involucra una amplia variedad de áreas de conocimiento [E]. Si consideramos que la variedad de conceptos puede contribuir a una mejor comprensión de la bioeconomía, entonces estas opiniones representan parte de la comprensión del sistema de bioeconomía. Esto revela que la bioeconomía y su acción sobre los ecosistemas en los que vivimos, así como las posibilidades futuras en términos de nuevas soluciones subyacentes a este modelo.


Futuro


Un ejemplo es la bioenergía. Un sector importante para la mitigación de los gases de efecto invernadero[6] y para alcanzar el objetivo de niveles seguros de cambio climático[7], limitando el aumento de hasta 1,5 grados en la temperatura de la Tierra (I)(M)[8]. Como la bioeconomía es más que biocombustibles basados ​​en biomasa, que incluye una contraparte de todo lo que se basa en petróleo, la plataforma de bioenergía también puede producir otros bioproductos, por ejemplo, plástico (F). La bioeconomía también proporciona la integración de plataformas de tecnología de bioenergía con generación de residuos anthropogenic waste generation (C)[9]. Esto revela el carácter multifacético que representa la bioeconomía, que integra los sistemas de producción y el ecosistema en el que vivimos. De esta manera, la bioeconomía se entiende como una economía del futuro, donde los componentes básicos para materiales, productos, productos químicos y energía se derivan de recursos biológicos renovables y la explotación industrial para una amplia variedad de productos. En esta economía, utilizamos el conocimiento para cumplir con los requisitos de sostenibilidad ambiental, social y económica (A) (G).


El progreso de la bioeconomía fue posible, principalmente, por un aumento del conocimiento y el saber técnico para aplicaciones prácticas de la biomasa. Los principales retos tecnológicos están siendo superados. La conversión enzimática eficiente de los polisacáridos cristalinos es crucial para una bioeconomía sostenible, y la existencia de enzimas que trabajan en la pulpa y los nuevos descubrimientos demuestran técnicas eficientes, abriendo nuevos caminos para la viabilidad sostenible y rentable de la utilización de la biomasa, hasta ahora un gran desafío de la bioeconomía (B)[10].


Desafíos


Sin embargo, existen riesgos asociados con la bioeconomía, por ejemplo, la explotación potencial de los recursos naturales, los impactos en la seguridad alimentaria, la devastación de la biodiversidad y el empobrecimiento de las comunidades locales y rurales (J)[11]. Esto se debe a que, si esta riqueza no se reinvierte localmente, tanto el lugar como las comunidades se empobrecen. Por ejemplo, la minería ha generado degradación ambiental y pobreza en las comunidades locales. En la bioeconomía, se producirá un empobrecimiento similar si la base de recursos renovables no está protegida y los retornos no se reinvierten en personas y lugares (D)[12].


Ante esta preocupación, se han delineado cinco principios para coordinar la transición de las industrias de base biológica para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible (OSD)[13] de las Naciones Unidas (ONU)[14]. El primer principio es la formación de redes internacionales de colaboración para el desarrollo del conocimiento que es necesaria para la transmisión del conocimiento a través de las fronteras, ya que la infraestructura de biotecnología es sólida en los países de altos ingresos, mientras que el know-how biológico local es fuerte en los países en desarrollo. Además, las redes permiten un mapeo global de la información para conformar un acuerdo sobre protocolos comunes, y así cumplir con el segundo principio, para encontrar formas de medir el desarrollo de la bioeconomía como una forma de monitorear el desarrollo sostenible de la biomasa.


Sin embargo, para lograr estos dos principios, es necesario el tercer principio, la coordinación internacional, para superar el problema de las prioridades nacionales en conflicto. En este punto, el precio del carbono y la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles se encuentran entre los ODS y deben coordinarse con los intereses de los países. En el campo social, el cuarto principio se refiere a la educación, estos deben actuar para la conciencia de la sociedad.


Por ejemplo, sobre el cambio climático y la protección de la biodiversidad, se debería colaborar internacionalmente para definir las habilidades necesarias para desarrollar una bioeconomía que mejore el uso sostenible del consumo. Esto requerirá un enfoque interdisciplinario que enfatice el pensamiento sistémico, la planificación estratégica y la evaluación del desempeño ambiental, social y económico, así como una comprensión de las tecnologías y especificidades locales. Finalmente, el quinto principio dice acerca de la continuidad de los programas de apoyo a la investigación y el desarrollo y las colaboraciones globales en proyectos innovadores (G).


Los cinco principios descritos anteriormente para lograr una transición desde el uso rentable y sostenible de la biomasa representan cambios profundos en los sistemas organizativos de los países. Sin embargo, el problema que identifican los expertos corresponde a que las prioridades nacionales en conflicto dificultan la alineación de las políticas bioeconómicas para cumplir con los ODS, ya que los países desarrollados ven la expansión de la bioeconomía como un medio para crear riqueza y seguir siendo competitivos.


Las economías industriales emergentes como China, ven la biotecnología como un campo naciente de innovación en el que pueden competir. Brasil y Sudáfrica, por ejemplo, están invirtiendo para insertarse en las cadenas de valor y agregar valor a sus recursos biológicos. En el caso de los países en desarrollo, la preocupación es el desarrollo rural inclusivo y la distribución equitativa de los recursos. Por otro lado, otros puntos de vista señalan que la bioeconomía transformará la economía de las áreas rurales (D)[15].


Bioeconomía y desarrollo rural


El argumento principal es que la amplia gama de bienes y servicios, desde el material vegetal, animal y forestal, la mayor parte de la producción, el procesamiento y el transporte de la bioeconomía, surgirán de las áreas rurales. Variable significativa para los países en desarrollo que tienen gran parte de sus economías basadas en la producción agrícola. En el caso de la bioenergía, el impacto económico inmediato ha sido el aumento de los precios mundiales de los productos básicos y el consiguiente aumento del flujo de dinero hacia los países en desarrollo. En el caso de Brasil, los agricultores reaccionaron al aumentar los precios de las tierras agrícolas (alquiler y compra de tierras), y los propietarios de las tierras agrícolas, ya sea que las cultivaran o no, disfrutaron de un importante efecto de riqueza de la nueva demanda de granos, especialmente soja, que es ampliamente utilizado para la producción de biodiesel.


Sin embargo, dado que los agricultores tienden a producir sobre la base de ganancias netas, la creciente demanda de biomasa y energía renovable se compensará con la expansión de la producción, manteniendo bajos los precios de los productos básicos, y dado que los agricultores tienden a capitalizar beneficios medios netos a largo plazo (D)[16].


En cambio, los datos de la OCDE sobre la protección del productor, definidos como la relación del precio promedio recibido por los productores, incluidos los pagos netos por unidad de producción actual (ambos medidos en la puerta de las fincas), sugiere que los agricultores generalmente vendieron a precios 10% por encima de los niveles del mercado internacional, incluidos Brasil y China, con la excepción de algunos países, como Japón y Corea, donde los valores, durante algunos años, han superado el 20%. Este indicador refleja el nivel de distorsiones de precios, algo que se puede corregir a través de políticas públicas de apoyo al productor.


El apoyo a la agricultura se define como el valor monetario anual de las transferencias brutas a la agricultura de los consumidores y los contribuyentes como resultado de las políticas gubernamentales que apoyan la agricultura[17]. El problema es que la estimación de apoyo al productor (PSE), medida como un porcentaje de los ingresos brutos de la finca, disminuyó recientemente e incluye el soporte de precios de mercado, los pagos presupuestarios y el costo de la pérdida de ingresos. En el caso de Brasil, en 2009, 2010 y 2011, los valores fueron entre 10 y 11 millones de dólares por año. En el período reciente, los valores presentaron un promedio de 6 y 7 millones de dólares. La disminución en el financiamiento también se produjo en Chile, Colombia y México. En China, la cifra de US$ 56,630 millones en 2007 aumentó a 212,182 millones de dólares en 2016[18].


Las oportunidades


Por otro lado, a diferencia de la industria petroquímica centralizada, la bioeconomía está descentralizada. Esto permite grandes ventajas para el desarrollo rural local. Existe una amplia variedad de materiales para la producción de bioenergía, incluidos los desechos agrícolas, que pueden provenir de diferentes fuentes de materias primas. Esto no es una garantía, sino que significa que la centralidad puede eliminarse parcialmente. Así, la bioeconomía es cualitativamente diferente de la petroquímica, debido a su naturaleza distributiva. Aunque la naturaleza descentralizada puede traer beneficios a las comunidades rurales locales, sin políticas articuladas con objetivos de desarrollo sostenible, el uso eficiente y mecanismos que aseguren una distribución equitativa de las recompensas a la inversión, existe un alto riesgo de que la bioeconomía no se desarrolle de manera sostenible y distributiva (D).


Parte del debate sobre el desarrollo rural y la bioeconomía se centra en dos puntos principales para los países en desarrollo. En primer lugar, en el mercado de la formación de productos agrícolas. Por ejemplo, uno de los desafíos del desarrollo rural brasileño comienza con la creación de infraestructura de prueba para sus productos de base biológica para cumplir con el plan de certificación verde de la UE (G). Sin embargo, esta estructura también debe ser accesible para los agricultores locales (que también fomentan el mercado local) con poco o ningún recurso.


En segundo lugar, se necesitan nuevas regulaciones que evalúen la biodiversidad y el conocimiento tradicional local. En Brasil, las regulaciones actuales están desacelerando el desarrollo y la investigación sobre variedades de plantas (L) y destruyendo la biodiversidad a través de la deforestación (G). Países como Brasil, Colombia y Perú son ricos en biodiversidad. Se estima que Brasil contiene más biodiversidad que cualquier otro país en los continentes (K)[19], con alrededor de 1.8 millones de especies[20]. En Brasil, la deforestación (Cambio en el uso de la tierra y los bosques), según los datos del Sistema de Estudios de Efecto de Emisiones Estimadas (SEEG), es el sector que más contribuye al aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), seguido por los sectores agropecuario y energético.


Tabla 1. Emisiones totales en Brasil por sector. CO2 y (t) GWP-AR5[21]

Fuente: SEEG, 2019.

Nota: Los datos estándar de SEEG utilizan el Segundo Informe de Evaluación (SAR) del IPCC (GWP) y la compensación de carbono GTP. También se presentan datos de los factores de equivalencia contenidos en el cuarto informe del IPCC (AR4) utilizado, por ejemplo, en los inventarios más recientes de los países desarrollados y el quinto informe del IPCC (AR5) utilizado, por ejemplo, como referencia para los países en desarrollo y objetivo de reducción de emisiones en el acuerdo de París.


Brasil tiene sus emisiones a un nivel de 2 gigatones de CO2 por año en la última década. El acuerdo de París, establecido por el AR5, ha establecido que los países en desarrollo, incluido Brasil, deben reducir sus emisiones a 1 gigatoneladas de emisiones de CO2 por año. Por otro lado, Brasil tiene 196 millones de hectáreas de tierra cultivable[22], ocupando el cuarto país en la disponibilidad de tierra para la agricultura. Argentina ocupa el sexto lugar en el ranking de tierras, con 108.500 millones de hectáreas.


Colombia, por ejemplo, tuvo tasas de deforestación en la cuenca amazónica colombiana de aproximadamente 76,721 hectáreas/año entre 2000 y 2012, lo que corresponde a aproximadamente 40 millones de toneladas de emisiones de CO2 por año y pérdida de biodiversidad. Sin embargo, estableció un proyecto, en 2015, en cooperación internacional con el Global Green Growth Institute (GGGI)[23] para valorar la biodiversidad a partir del estudio de variedades locales de plantas y reducir la deforestación en sus áreas forestales.


Finalmente debe anotarse que la propiedad intelectual, el acceso y el uso de los recursos genéticos, la bioseguridad y la bioética deben revisarse (G)(D). Esto debería articularse con la orientación estratégica de la política de desarrollo rural sostenible y requerir cambios institucionales profundos (G), para que los países como los latinoamericanos con altos niveles de biodiversidad tengan la capacidad de beneficiarse de la bioeconomía.



Este artículo ha sido realizado dentro del Proyecto Fapesp 2016/13820-4 y Proyecto European Union Horizon 2020 research and innovation programme under the Marie Sklodowska-Curie (grant agreement No. 778398)



Notas

[1] El Libro Blanco es un documento oficial emitido por un gobierno que tiene como objetivo informar sobre un problema y cómo resolverlo. Se utilizan en la toma de decisiones de políticas y negocios, a menudo a largo plazo. Se puede acceder al documento en el siguiente enlace: https://publications.europa.eu/en/publication-detail/-/publication/0d563bc1-f17e-48ab-bb2a-9dd9a31d5004.


[2] White Paper, 1993 p. 10.


[3] En 2007, el término bioeconomía era todavía relativamente nuevo. Para obtener detalles sobre el origen y la evolución del concepto, consulte McCormick y Kautto 2013, pág. 2593.


[4] Libro Blanco, 1993 p. 14.


[5] Vale la pena mencionar la capacitación de KBBE (Bio-Economía Basada en el Conocimiento), basada en dos conferencias celebradas en 2005 y 2007, que contribuyeron efectivamente a la concepción de los conceptos básicos de la bioeconomía (McCormick y Kautto 2013, p.2590).


[6] La mitigación se refiere a los esfuerzos para reducir / evitar la emisión de gases de efecto invernadero o para fortalecer su eliminación de la atmósfera a través de los sumideros mediante la captura de carbono (CMNUCC, 2009).


[7] El cambio climático se refiere a los cambios en el clima, incluido el clima, la precipitación, el viento y los fenómenos meteorológicos extremos durante largos períodos de tiempo (IPCC, 2013. 4) (Cambio climático y OMM, 2019) El cambio climático tiene un impacto en los ecosistemas y sistemas humanos, por nombrar algunos, agricultura y agua La seguridad alimentaria es una de las prioridades de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (GOALS, UN), consulte: https://sustainabledevelopment.un.org/?menu=1300 y la Agenda para 2030 https://sustainabledevelopment.un.org/post2015/transformingourworld


[8] Organización Meteorológica Mundial (OMM), 2019. Disponible en: https://library.wmo.int/doc_num.php?explnum_id=5789 9


[9] Mohan et al. 2016, p. 9-12.


[10] Utilizando las palabras clave "bioenergía y biomasa" en la base de datos de ISI Web of Science (WoS), este es el artículo más citado. Hay 466 citas en WoS y 663 citas en Google Academic. La fecha de recopilación fue el 23 de mayo de 2019.


[11] PNUMA, 2011. Hacia una economía verde: Caminos hacia el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza - La síntesis para los encargados de formular políticas, www.unep.org/greeneconomy. Obtenido de https://sustainabledevelopment.un.org/content/documents/126GER_synthesis_en.pdf


[12] Johnson and Altman. 2014, pág. 343.


[13] Los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU van desde la seguridad alimentaria hasta garantizar el acceso a la energía y la salud. Los objetivos son acabar con la pobreza y promover el desarrollo económico y humano mientras se lucha contra el cambio climático y se trabaja para preservar nuestros océanos y bosques. Consulte los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU en https://sustainabledevelopment.un.org/?menu=1300


[14] Este artículo fue publicado por la revista Nature en 2016, después de la reunión que reunió a más de 40 líderes de naciones que querían aumentar sus bioeconomías, que en 2014 manejaron alrededor de dos billones de dólares en productos [7].


[15] EL-Chichakli et al. 2016, p. 342.


[16] 16 EL-Chichakli et al. 2016, p. 343.


[17] Los datos se pueden encontrar en el sitio web de datos de la OCDE. Disponible en OCDE (2019), Apoyo agrícola (indicador). Doi: 10.1787 / 6ea85c58-en (Consultado el 17 de junio de 2019).


[18] Los datos se pueden encontrar en el sitio web de datos de la OCDE. Disponible en OCDE (2019), Apoyo agrícola (indicador). Doi: 10.1787 / 6ea85c58-en (Consultado el 17 de junio de 2019).


[19] 19 Barthlott et al. 1999, p. 103-110.


[20] Para obtener más detalles, consulte el sitio web http://www.sibbr.gov.br/areas/?area=biodiversidade


[21] Para obtener detalles sobre la metodología y la recopilación de datos, consulte http://seeg.eco.br/notas-metodologicas/


[22] Sobre terra agrícola, consultar: OECD (2019), Agricultural land (indicator). Doi: 10.1787/9d1ffd68-en (Accessed on 17 June 2019).


[23] As florestas cobrem metade do território da Colômbia e são essenciais para a subsistência de muitos colombianos e para a sustentabilidade do país em geral. Para informações detalhadas sobre o projeto, consultar: https://gggi.org/project/redd-financial-mechanism-colombia/



Bibliografía


(A) MCCORMICK, K.; KAUTTO, N. The bioeconomy in Europe: An overview. Sustainability, v. 5, n. 6, p. 2589-2608, 2013.


(B) VAAJE-KOLSTAD, G., WESTERENG, B., HORN, S. J., LIU, Z., ZHAI, H., SØRLIE, M., EIJSINK, V. G. An oxidative enzyme boosting the enzymatic conversion of recalcitrant polysaccharides. Science, v. 330, n. 6001, p. 219-222, 2010.


(C) MOHAN, S. V., NIKHIL, G. N., CHIRANJEEVI, P., REDDY, C. N., ROHIT, M. V., KUMAR, A. N., SARKAR, O. Waste biorefinery models towards sustainable circular bioeconomy: critical review and future perspectives. Bioresource technology, v. 215, p. 2-12, 2016.


(D) JOHNSON, T. G.; ALTMAN, I. Rural development opportunities in the bioeconomy. Biomass and bioenergy, v. 63, p. 341-344, 2014.


(E) BUGGE, M; HANSEN, T; KLITKOU, A. What is the bioeconomy? A review of the literature. Sustainability, v. 8, n. 7, p. 691, 2016.


(F) BOZELL, J. J.; PETERSEN, G. R. Technology development for the production of biobased products from biorefinery carbohydrates—the US Department of Energy’s “Top 10” revisited. Green Chemistry, v. 12, n. 4, p. 539-554, 2010.


(G) EL-CHICHAKLI, B., VON BRAUN, J., LANG, C., BARBEN, D., PHILP, J. Policy: Five cornerstones of a global bioeconomy. Nature News, v. 535, n. 7611, p. 221, 2016.


(H) COMMISSION OF THE EUROPEAN COMMUNITIES. Growth, competitiveness, employment: The challenges and ways forward into the 21st century. Luxembourg: Office for Official Publications of the European Communities, 1993.


(I) IPCC, 2013: Climate Change 2013: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Stocker, T.F., D. Qin, G.-K. Plattner, M. Tignor, S.K. Allen, J. Boschung, A. Nauels, Y. Xia, V. Bex and P.M. Midgley (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, 1535 pp, doi: 10.1017/CBO9781107415324.


(J) UNEP, UNEP. Towards a green economy: Pathways to sustainable development and poverty eradication. Nairobi, Kenya: UNEP, 2011.


(K) BARTHLOTT, W., BIEDINGER, N., BRAUN, G., FEIG, F., KIER, G., MUTKE, J. (1999). Terminological and methodological aspects of the mapping and analysis of global biodiversity. Acta botanica fennica, 162 (0), 103-110.


(L) BUAINAIN, A., SOUZA, R., VIEIRA, A., BUENO, C.S., FERRARI, V., SABINO, W. ABPI – Propriedade Intelectual, Inovação e Desenvolvimento: desafios para o Brasil. ABPI, Associação Brasileira da Propriedade Intelectual. 2018.


(M) WORLD METEOROLOGICAL ORGANIZATION. WMO Statement on the State of the Global Climate in 2018. World Meteorological Organization (WMO), 2019.


(N) UNFCCC, COP. Report of the Conference of the Parties on its fifteenth session, held in Copenhagen from 7 to 19 December 2009. FCCC/CP/2009/11/Add. 1, 2010.



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Actualizado: 25 de jun de 2019

Por Ivette Luna

Recientemente, el ex-presidente norteamericano Barack Obama en un evento sobre tecnología en São Paulo, Brasil, declaró que “La educación no es caridad, no es un favor a los pobres. Si inviertes en educación, estás dando oportunidades y haciendo tu mercado más rico y tus empresas se vuelven exitosas (…). Las máquinas harán los trabajos repetitivos, pero solo las personas pueden pensar e inspirar. Por eso tenemos que motivar a los jóvenes a que sean creativos …”[1].


En efecto, estudios recientes muestran que las transformaciones productivas resultantes de la digitalización de las economías y la cuarta revolución industrial demandarán con mayor intensidad ocupaciones basadas menos en habilidades manuales y más en capacidades formales/cognitivas (Autor, 2014), habilidades blandas (Deming, 2015) y digitales (Gierten and Spiezia, 2016).


Este artículo presenta un escenario que analiza los impactos potenciales en la estructura ocupacional brasileña, en las capacidades y consecuentemente en la estructura productiva resultante de la digitalización y automatización de las economías. El escenario es construido a partir de la extrapolación de las probabilidades de substitución por ocupaciones, estimadas para el caso norteamericano por Frey & Osborne (2013)[2], para la estructura productiva brasileña utilizando los datos públicos de la Relación Anual de Informaciones Sociales (RAIS) para el año de 2017.

La estructura productiva brasileña

América Latina se caracteriza por tener una marcada heterogeneidad y una parte significativa de la fuerza de trabajo en condiciones de informalidad o en actividades de subsistencia y productividad muy baja, lo que afecta negativamente la distribución del ingreso y el ingreso medio de la economía (CEPAL, 2014). El Brasil no es diferente.


La gráfica siguiente ilustra la estructura productiva brasileña en 2017[3]. El tamaño de cada cuadrado es proporcional al total de empleos formales generados por sector. Poco más del 14% y 18% del total de personas ocupadas (PO) se encuentran en el sector de ventas al por menor (Varejo en portugués) y en la administración pública. Por otro lado, los sectores de Petróleo y Gas (rojo), Tecnologías de la Información (TI), Finanzas, Investigación y desarrollo (P&D o Pesquisa e Desenvolvimento en portugués, representado por el cuadrado más amarillo en el canto superior derecho de la gráfica) y educación se destacan por tener los mayores sueldos medios por hora de trabajo, como se expresa en la misma gráfica según el color usado, aumentando a medida que se transita del azul al amarillo y finalmente el rojo.


Gráfica 1: estructura productiva brasileña en 2017


Fuente: elaboración propia a partir de la data de la Relación Anual de Informaciones Sociales (RAIS).


Es evidente la alta heterogeneidad y desigualdad de su estructura productiva: pocos ganando mucho y muchos ganando poco. Y más, pocos empleos son generados en sectores con mejores remuneraciones y de mayor intensidad tecnológica, que demandarían mejores puestos de trabajo y competencias/habilidades que serán valorizadas en ese nuevo contexto de las economías digitales y de la Industria 4.0. Es el caso del sector de Petroleo y Gas y del sector de I&D, responsables por 0,05% y 0,09% del total de empleos formales en 2017.


Por otro lado, el déficit en los niveles de escolaridad de los trabajadores en el mercado formal se presenta como una barrera para su propio desarrollo. En 2003, apenas 30% de personas ocupadas culminaron sus estudios secundarios. En 2017 cerca del 70% alcanzaron como máximo el nivel medio completo, con poco menos del 50% con secundaria completa (como se puede observar en la Gráfica 2), un avance al final de cuentas.


Gráfica 2: distribución de los trabajadores por escolaridad


Fuente: Elaboración propia a partir de la RAIS (2017).


Recientemente, en un reportaje de la revista Exame[4] se indica el déficit de trabajadores con un mínimo de formación y una cantidad excesiva de puestos de trabajo desiertos por no contar con el nivel de formación requerido. Esta incompatibilidad en el escenario de la nueva revolución industrial ciertamente no contribuirá con una transición justa para este sector ya fragilizado de la población; mucho menos permitirá su inserción en ocupaciones menos vulnerables en el corto plazo.


Si aplicamos las probabilidades estimadas por Frey y Osborne (2013) sobre la estructura brasileña, observamos que los sectores de TI, Educación, Salud, asistencia social e I&D son los que tienen a buena parte de sus ocupaciones (de por lo menos 40% del total de PO) en el grupo de bajo riesgo (probabilidad de substitución menor que 30%). Por otro lado, los sectores de agricultura y alimentos son los que poseen la mayor parte de sus ocupaciones en el grupo de alto riesgo (probabilidad superior a 70%).


Estos resultados nos llevan a pensar que hay una relación entre el nivel de calificación formal de los profesionales y de adquisición de capacidades menos rutinarias y manuales, con el riesgo de substitución de ocupaciones, y que este riesgo es mayor en el caso de sectores caracterizados por actividades que demandan en menor grado habilidades de fondo cognitivo, digital o de interacción social.

Entonces, ¿qué hacemos?

Los desafíos son diversos, pero lo que se destaca es la necesidad vigorosa por la recapacitación de los trabajadores más vulnerables a esa nueva realidad, para garantizar la permanencia de ese segmento de la población en el mercado laboral. Es decir, hay una necesidad por un plan de inversión en formación adecuada y continuada, que atienda la demanda de sectores con mayor potencial de automatización y en aquellos sectores de alta tecnología desde la base, generando también con esto, un ambiente que permita una transición de los trabajadores a segmentos menos vulnerables.


Por otro lado, si bien la adopción de nuevas tecnologías que permitan niveles mayores de automatización de nuestras industrias y servicios es un proceso lento, la adaptación de los agentes (firmas, trabajadores, instituciones) también requiere de tiempo para absorber nuevas capacidades e insertarlas efectivamente en nuestras actividades. Y todo indica que esta nueva revolución tecnológica viene a una velocidad mayor respecto a las anteriores y, por lo tanto, nuestro conjunto de capacidades se tornará obsoleto más rápidamente si nada se hace para evitar nuestro propio rezago.


Así, el timing apropiado y la inversión en infraestructura y en nuestro sistema educacional, de formación profesional y de desarrollo de habilidades blandas y digitales tendrían que considerarse en la formulación de políticas públicas que aborden este problema, de manera que nos sea posible luchar contra la precarización del trabajo y que se garantice el máximo aprovechamiento de las capacidades de todos los individuos contribuyendo así a un desarrollo sostenible, inclusivo y con equidad.


Notas

[1] https://noticias.r7.com/tecnologia-e-ciencia/educacao-nao-e-caridade-diz-barack-obama-em-palestra-no-brasil-30052019?fbclid=IwAR3q4VyMpMZuM035jyJm27L_pq3vCuv_quPLp6vf8Tp_Kd76lajK1_pV65M


[2] Frey & Osborne (2013) estiman un 47% del total de empleos en los Estados Unidos con alta probabilidad de substitución como resultado de la automatización de sus procesos productivos. Un estudio posterior desarrollado para el mismo país por la McKinsey Global Institute (2017) destaca que menos del 5% de todas las ocupaciones podrán automatizarse por completo, y alrededor del 60% de todas las ocupaciones tendrían al menos 30% de sus actividades automatizadas. Es decir, más que una extinción de ocupaciones, lo que veremos será una automatización parcial de las mismas al substituir parte de las tareas que las definen.


[3] A 2 dígitos de la Clasificación Nacional (CNAE 2.0) compatible con la Clasificación Internacional ISIC Rev. 4.0.


[4] https://exame.abril.com.br/economia/brasileiro-desempregado-sem-formacao-nao-consegue-nem-trabalhos-basicos/


Referencias

Autor, D. (2014) ‘Skills, education, and the rise of earnings inequality among the “other 99 percent”’, Science, 344(6186), pp. 843–851. Available at: https://dspace.mit.edu/handle/1721.1/96768.


CEPAL (2014) Cambio estructural para la igualdad: Una visión integrada del desarrollo. Santiago de Chile.


Deming, D. J. (2015) The Growing Importance of Social Skills in the Labor Market. 21473. Cambridge. Available at: http://www.nber.org/data-appendix/w21473 (Accessed: 2 September 2018).


Frey, C. B. and Osborne, M. (2013) The Future of Employment on Technology and Employment: How susceptible are jobs to computerisation?, The Oxford Martin Programme on Technology and Employment.


Gierten, D. and Spiezia, V. (2016) ‘New Forms of Work in the Digital Economy’, Oecd Digital Economy Papers, (260), pp. 1–44. doi: 10.1787/5jlwnklt820x-en.


McKinsey Global Institute (2017) A future that works: automation, employment, and productivity. Available at: www.mckinsey.com/mgi. (Accessed: 25 September 2018).

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Por Milenka Paredes Alanes


La estructura económica de Bolivia está basada en la extracción de recursos naturales, el gas natural y minerales representan más del 60% de las exportaciones. Como muchos países de América Latina, Bolivia durante las últimas décadas se ha beneficiado de los altos precios del mercado internacional de estos dos productos básicos, lo que le ha permitido crecer a tasas elevadas, especialmente desde la implementación del nuevo modelo económico en 2014, basado en la explotación y extracción de los recursos naturales para estimular la demanda agregada a través del incremento en el consumo público y privado e inversión pública.


Debido a los altos niveles de inflación en el 2011 causada especialmente por la inflación importada[1], el Banco Central decidió fijar el tipo de cambio nominal[2] con relación al dólar para mantener estable el poder de paridad de compra. Con el modelo económico implementado, los ingresos de los hogares crecieron lo que incrementó los precios de los productos del sector no exportador y provocó que el tipo de cambio real se apreciara aún más. Debido al régimen de tipo de cambio fijo, los responsables de política no pudieron mitigar esta apreciación real del tipo de cambio. Además, como los productos nacionales tienen menor ventaja comparativa que los productos importados, el sector exportador que no presenta un auge resultó el más afectado.


A partir de la implementación de este modelo, la composición de las exportaciones cambió, y la participación de los productos del sector manufacturero y de agricultura se redujo drásticamente (Figura 1) y las importaciones en términos reales se incrementaron. Esto revela una pobre o nula diversificación en la economía concluyendo que el gobierno no logró su objetivo de industrialización con el nuevo modelo aplicado. De estos resultados, se puede concluir que aunque no existe una evidencia tradicional de una Enfermedad Holandesa en Bolivia, puesto que no se redujo la participación de los sectores exportadores sin auge en el Producto Interno Bruto, se puede detectar que existe un tipo de Enfermedad Holandesa[3] en Bolivia ya que el boom de los materias primas no permitió la diversificación de la economía e incrementó el ingreso real de los hogares llevando a un incremento en el consumo, aumentando las importaciones en términos reales desincentivando la producción nacional de los productos del sector exportador que no presenta un auge de precios internacionales.



Figure 1.Estructura de las Exportaciones en Bolivia. Nota. UDAPE (Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas) (2018).


Bolivia implementó políticas fiscales contracíclicas durante los últimos años para suavizar los ciclos económicos. Aunque no se implementó un fondo para guardar el exceso de los ingresos generados por el sector extractivo, el sector público ahorró moneda extranjera en las bóvedas del Banco Central. Lo que ha permitido durante los últimos años de déficit fiscal, cumplir con los compromisos de transferencias a los hogares e incrementar la inversión pública. Sin embargo, las reservas guardadas no son suficientes[4] y la deuda externa se incrementa. Por otra parte, el sector público ha gastado más en gastos corrientes que en inversión pública, concentrándose en el sector de construcción y no promoviendo diversificación económica. Por lo tanto, puede ser posible que en el corto plazo exista una desaceleración del crecimiento económico por el déficit fiscal, déficit de cuenta corriente, y la imposibilidad de continuar invirtiendo y entregando transferencias a los hogares, hacienda imposible la industrialización; es necesario invertir más en bienes de capital ya que este sector podrá modificar la estructura económica ayudando al país a industrializarse y depender menos de los recursos naturales y evitar inestabilidad económica.


Mantener un tipo de cambio fijo tiene sus límites. Considerando el primer síntoma de la Enfermedad Holandesa, existe una apreciación del tipo de cambio real en Bolivia que está empeorando la competitividad externa generando déficit de cuenta corriente. En algún momento, el Banco Central tendrá que renunciar al tipo de cambio fijo y tendrá que devaluar.


Un Acercamiento Empírico

Aplicando un modelo de Comportamiento de Tipo de Cambio Real (BEER Model), considerando información trimestral entre los años 2001 y 2017, para determinar si los altos precios de las materias primas han afectado en valor real del tipo de cambio en Bolivia, se concluyó que los responsables de política no pueden continuar beneficiándose de las ganancias de la explotación y extracción de los recursos naturales para aplicar un modelo de Mercado debido a que el tipo de cambio real se ha apreciado. Mientras que de manera alternativa, con un tipo de cambio flexible o crawling peg, se podría contrarrestar la apreciación del tipo de cambio para mejorar la competitividad para estimular la producción de los sectores de manufactura y agricultura y diversificar la economía estimulando el crecimiento económico.


Analizando el Vector de Cointegración de Johansen para explicar las relaciones de largo plazo entre los fundamentos macroeconómicos y el tipo de cambio real, se concluye:


- Un incremento del 1% en el déficit fiscal genera una apreciación del tipo de cambio en 0.21%.

- Una reducción en 1% de las reservas internacionales tendrá un impacto de 0.27% en la apreciación del tipo de cambio real.

- Cuando los precios de los recursos extractivos incrementan en 1%, el tipo de cambio real se apreciará en 0.22%.


Esto evidencia una Enfermedad Holandesa, y aunque las elasticidades de largo plazo no son elevadas, ante altas volatilidades en los precios de las materias primas, se podría generar una apreciación del tipo de cambio real que afecte la competitividad externa.


Adicionalmente aplicando la condición Marshall-Lerner[5], se puede concluir que el tipo de cambio real tiene un efecto positivo en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos de Bolivia. La elasticidad de la exportación respecto al tipo de cambio real indica que ante un incremento del 1% en el tipo de cambio, las exportaciones se incrementan en 0.66% (analizando los sectores de manufactura y agricultura). Por ello, una depreciación del tipo de cambio real mejora la competitividad de exportación.


Por otra parte, analizando la estimación de la desalineación entre el tipo de cambio real observado y el tipo de cambio real de equilibrio de largo plazo estimado, La Figura 2 evidencia dos importantes periodos de desalineación, entre los años 2004 y 2007 y desde el año 2014 a la fecha. En el último periodo el tipo de cambio real observado es menor al de equilibrio causando una sobrevaloración de la moneda; además, el desajuste se incrementa en los últimos meses empeorando aún más la competitividad externa del país.



Figura 2. Estimación propia de la desalineación del tipo de cambio realmultilateral en comparación con la estimación del tipo de cambio real Estimado en el largo plazo por sus fundamentos (2003=100).

En los últimos años se ha hecho innegable que el tipo de cambio fijo adoptado por el Banco Central es insostenible y difícil de mantener especialmente cuando la cuenta corriente de la Balanza de Pagos se encuentra en déficit y el Banco Central no tiene suficientes reservas para mantenerlo constante. El auge en el precio de las materias primas ha llevado a una apreciación del tipo de cambio empeorando la competitividad externa causando que la economía boliviana dependa aún más de los productos primarios siendo que su estructura está concentrada en estos sectores sin diversificación económica y menos aún persiguiendo un cambio estructural.


La desalineación encontrada en este análisis realizado, entre el tipo de cambio real observado y el tipo de cambio real de equilibrio de largo plazo, debe ser considerado como una recomendación de política monetaria para considerar modificar gradualmente a un régimen de tipo de cambio flexible para el cual el tipo de cambio pueda converger hacia el equilibrio. Además, una depreciación del tipo de cambio puede incentivar a productores nacionales a incrementar la producción nacional para aumentar la exportación o competir con productos importados y de esta manera diversificar la economía para depender menos de los precios internacionales de los productos básicos en el desarrollo del país hacienda que Bolivia sea menos vulnerable a factores externos.


[1] El incremento de precios internacionales entre los años 2006 y 2008, por el boom de materias primas, especialmente de precios de alimentos y bebidas que representa una proporción significativa de las importaciones, fueron los que afectaron la estabilidad de precios en Bolivia.


[2] En adelante, el tipo de cambio se refiere a Bs/USD (Bs=Moneda de Bolivia).


[3] Existen muchas investigaciones y documentos que han estudiado el efecto del auge del precio de las materias primas en la economía de un país. De Mevius & Albarracin (2008), explican que la Enfermedad Holandesa fue nombrada por primera vez en 1977 para explicar el efecto negativo en la economía de Holanda del descubrimiento de grandes reservas de gas en el país. Debido a las altas ganancias causadas por el recurso natural, el tipo de cambio real se apreció, lo que resultó en una pérdida de competitividad en la industria de la manufactura. Desde entonces, este fenómeno ha sido analizado en los países de América Latina debido a que la estructura económica de estos países se basa generalmente en exportación de bienes primarios.

[4] La condición de Marshall-Lerner explica que una depreciación del tipo de cambio real tiene un efecto positivo en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.

[5] Según datos de la Cepal, las Reservas Internacionales Netas en Bolivia decrecieron a una tasa de 32% entre el periodo 2014-2017.


Referencias

Andersen, L., Caro, J., Faris, R., & Medinaceli, M. (2006). Gas Natural y Desigualdad en Bolivia después de la Nacionalización. Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo, 08.

Banco Central de Bolivia (2018). Indicadores Económicos. Recuperado el 17 de agosto de 2018, de https://www.bcb.gob.bo/

Cerezo, S. (2011). Enfermedad Holandesa y Coyuntura Macroeconómica Boliviana. Banco Central de Bolivia, La Paz, Bolivia.

De Mevius, F., & Albarracin, I. (2008). Bolivia and the Dutch Disease: What are the Risks and How to Avoid Them? Revista Latinoamerica de Desarrollo Económico, 11, 09.

MacDonald, R., & Dias, P. (2007). Behavioural equilibrium exchange rate estimates and implied exchange rate adjustments for ten countries. Global Imbalances workshop, Washington DC, February 2007.

Mulder, N. (2006). Aprovechar el auge exportador de productos básicos evitando la enfermedad holandesa. Naciones Unidas, CEPAL, División de Comercio Internacional e Integración, Santiago, Chile.

Ramirez, P. (1991). Análisis de los determinantes de tipo de cambio real de equilibrio en Bolivia. Universidad Católica Boliviana, Instituto de Investigaciones Socio-Económicas, 06/91.

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